La artista que le quitó la vida a su gato para hacerse famosa.

El amor tiene muchas formas de manifestarse, una de ellas, quizá la más extraña de todas, es cuando aún después de la muerte se le tiene una exagerada devoción a ese ser amado. Es natural que al morir un ser querido, lo recordemos con cariño, olvidamos los malos momentos y tratamos de mantener sus mejores recuerdos frescos; sin embargo, cuando alguien guarda parte del cuerpo inerte o todo completo y lo lleva consigo a donde quiera que va, ese recuerdo se convierte en un hecho espeluznante.

Eso ocurrió cuando, en 1991, Per Yngve Ohlin, el cantante de la banda Mayhem se suicidó disparándose en la cabeza haciendo volar su cerebro y cráneo. Su amigo, cuando se halló el cuerpo, tomó los trozos del cráneo y le dio uno a cada miembro de la banda con la finalidad de llevar a su amigo a donde sea que fueran. Seguramente, ese era el deseo del frontman. Hasta la fecha, los compañeros del vocal confirman la teoría asegurando que aún guardan el trozo de hueso.

Por mucho tiempo, la sociedad juzgó la decisión de la agrupación asegurando que su nivel de rareza sobrepasaba los límites, hasta que apareció en escena una mujer que hizo exactamente lo mismo que la banda, la diferencia es que ella le llama arte. Su nombre es Katinka Simonse y su manera de hacer arte es una compleja ambivalencia. Mata (a veces) animales, los diseca y los convierte en juguetes y accesorios de moda. Su sobrenombre es Tinkebell y con 32 años de edad, la holandesa ha alcanzado la cima de su carrera realizando performances muy controversiales.

Todo comenzó en 2004 cuando su gata, su única amiga y compañera, enfermó gravemente. Al verla vulnerable y herida, no pudo pensar en nada más que darle paz. La única manera de hacerlo era terminando con su vida. No lo pensó más y lo hizo, la acribilló. Al ver su cuerpo inmóvil y toda la sangre derramada en sus manos, tuvo la necesidad de abrazarla y no soltarla jamás. Supo que no podía tenerla más, así que disecó el cuerpo y lo convirtió en una bolsa que la acompaña siempre. Al ver que causaba controversia decidió montar exposiciones en donde hacía de los animales sus protagonistas. Así, su primera exposición en una galería estuvo llena de reclamos y pleitos: amenazó con triturar a 66 pollos bebés si la gente no los compraba en subasta.

La holandesa no para de recibir correos en los que más que odio, leía mensajes amenazantes y peticiones que firmaban personas de todo el mundo exigiendo la multen o le prohiban hacer ese tipo de “arte”. No obstante ella siempre gana demostrando que a los animales que diseca están muertos cuando ella los “adopta”, es decir, recoge los cuerpos de una especie de morgue animal para convertirlos en juguetes, bolsos o monederos. Además es contundente en su sito web al describir su arte:

«Soy provocadora, ejemplificando los puntos ciegos de la sociedad moderna. Trato de confrontar a un público que considera indignante todo lo que no tiene nada que ver con ellos, pero al mismo tiempo es muy apologético sobre sus propios actos. ¿Por qué millones de pollitos machos son brutalmente asesinados cada día, pero soy arrestada por amenazar con hacer lo mismo en público?»

Ella hace de la taxidermia una obra de arte confeccionando el cadáver de tal manera que pone en evidencia la hipocresía en el activismo animal. Para ella los detractores de los animales son doble moral ya que aunque repudian las corridas de toros, comen carne de res. Aquellos que dicen que los cachorritos son bellos y deben ser adoptados, no piensan en animales no tan agraciados o plantas. De todos ellos, nadie se acuerda, Tinkebell cree que aunque sean pro vida, son ellos mismos los que bombardean las redes con extrema crueldad, ¿cómo? con mensajes amenazantes y ofensivos para ella.

Para defenderse, la artista investigó la identidad de los atacantes en redes sociales y correo electrónico. Entonces encontró a todos y cada uno de los acusantes que resultaron ser, en su mayoría, chicas adolescentes en pleno crecimiento hormonal, las típicas que, aprovechando el anonimato del Internet, siguen modas y descargan su furia. Ante semejante resultado, se publicó un libro titulado My Dearest Tinkebell que recopila los comentarios y amenazas que además son analizados por especialistas que complementan con ensayos.

El punto central de la obra de Tinkebell es cuestionar la utilidad y funcionalidad de los animales, ya que los animales son seres vivos, más no objetos. Pero ella pone eso en tela de juicio. Para los salvadores de animales los más bonitos son los que valen la pena, entonces ella dice en cuanto a su forma de hacer arte «se mueren, los convierto en una obra de arte que se ve bonita ¿Qué más da si está tiesa? Se ve estéticamente linda. Es lo mismo que ellos hacen, defienden lo bello, ¿no es así?»

Aunque su trabajo es criticado por miles y apoyado por muy pocos, labora para la fundación Save the World que se dedica a cuidar vidas vulnerables, principalmente humanas, ya que para ellos la vida humana y animal son de igual importancia. La pregunta es para el espectador: ¿Es moralmente válido lo que Tinkebell hace, es crueldad o sólo ocupa cuerpos inservibles como cualquier otro material? No obstante, la verdadera pregunta para los espectadores, críticos y para ella misma es: ¿disecar animales y convertirlos en juguetes o accesorios es en verdad arte o es crueldad?

 

Fuente: culturacolectiva.com

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